martes, 10 de abril de 2018

Antes que Walt Disney fue Lotte Reiniger





Quiero hablarte hoy de alguien a quien tal vez conozcas: Lotte Reiniger. Yo no sabía nada de ella, y la conocí por casualidad, buscando otra cosa. Tal vez siendo muy niña visioné alguna de sus películas, en esos cines itinerantes de verano que recorrían los barrios. Llevábamos nuestras sillas y pagábamos unas monedas. El caso es que al descubrir esas viejas películas de siluetas me sentí de inmediato conectada con una parte de mi infancia que siempre me gusta recordar. 

Mucho antes de que Walt Disney nos hiciera soñar con sus mundos animados, estuvo Lotte (Charlotte) con sus delicados universos de cartulina. Siluetas elegantes, tan delicadas en su filigrana que recuerdan los damasquinados. Personajes que se mueven con gracia, y que fueron evolucionando en el estilo con su creadora, sin dejar de ser reconocible su origen. 

Te traigo una porción de tiempo, de pasado mágico, de sueños e historias imperecederas. Te dejo enlaces a sus películas y una galería de imágenes para empezar. 



































Mariaje López.



domingo, 1 de abril de 2018

Karel Zeman: retrofuturismo que se adelantó al Steampunk




Si me dan a elegir entre el gigante Netflix y el a su lado modesto Filmin, me quedo con el segundo sin dudarlo. Verás; aprecio la diferencia entre un enfoque meramente comercial (caso Netflix) y un cuidado que sin perder de vista su finalidad mercantil, incluye en su propuesta el amor por el cine (caso Filmin), y la inclinación hacia uno u otro aspecto es muy perceptible en ambas plataformas. Pues bien, en Filmin descubro a menudo joyas ocultas del séptimo arte. Ocultas para mí, claro, hasta que investigo y aprendo que gozan de una gran reputación entre los estudiosos. Y es el caso de la película de la que quiero hablarte hoy. 

Su título en castellano es Una invención diabólica, el original: Vynález zkázy - A Deadly Invention (The Fabulous World of Jules Verne). Checoslovaquia, año 1958, 75 min. La dirección corrió a cargo del cineasta e ilustrador Karel Zeman

El argumento se basa en relatos cortos de Julio Verne, y la filmación mezcla actores reales con varias técnicas: dibujo, collage, filmación movimiento a movimiento (stop-motion), falsas perspectivas, y toda suerte de efectos artesanales, entre los que destaca una animación muy avanzada para la época. Los grabados victorianos, fieles a los originales de las publicaciones victorianas —pues Zeman tuvo la ocurrencia de convertir literalmente los grabados del siglo XIX en fotogramas—, recuerdan la técnica de artistas como Franklin Both, o el mismo Gustav Doré. Son increíbles aún hoy, hipnóticos, así que imagino que en 1958 causaron sensación. 

La banda sonora, imita también el estilo de las películas mudas de Melié, o Robert Wiene (El gabinete del doctor Caligari). El compositor, Zdenêk Liska, incluyó en la banda sonora instrumentos como el clavicordio, o la caja de música. 

Desde luego todo amante del Steampunk que se precie debería ver esta película. En Filmin se puede ver por una módica cantidad y mayor calidad, lo que merece la pena; pero también está en YouTube: en este enlace

Para abrir boca dejo esta galería de imágenes: 















Mariaje López.



domingo, 18 de marzo de 2018

Si lloré no fue por Karen Blixen






Si lloré cuando vi por primera vez Memorias de África, no fue por Karen Blixen; fue por mí. Aunque estaba casada, o quizá por eso, me sentía profundamente sola. El hombre que era mi marido fue el equivocado, y nada tenía que ver conmigo, por más que fingiera lo contrario durante el noviazgo. Fue una más de esas personas empeñadas en borrar de mí lo genuino, en extirpar cualquier raro destello que se atreviera a desafiar su pretendida superioridad. Durante mucho tiempo permití que se me aislara de cualquier apoyo, que se me mantuviera lejos de todo espejo capaz de devolverme una imagen certera de mi verdadero ser. Llegó el tiempo en que no sabía ya quién era. 

Y entonces, una tarde sola en casa, introduje en el aparato de vídeo el VHS que había sacado del videoclub por la mañana, y me dispuse a ver Memorias de África

No suelo llorar en el cine; no suelo. Solo en tres o cuatro ocasiones. Ahora sé que todas las veces que he llorado, lo hacía por mí. Reconocí el nombre de mis lágrimas, eran la pura tristeza. Inesperadamente había dado con mi espejo: la Karen Blixen y el Denys Finch de la película, juntos y conveniente mezclados, formaban un retrato muy parecido al mío. Los ecos resonaron dentro y se proyectaron hacia fuera irradiando luz. Fue el principio de la reconstrucción. Hay acontecimientos aparentemente inocuos que desatan tempestades. Una vez tocada la cuerda exacta, vibra la música y ya nadie la puede callar. 

Me pasó algo similar con El cartero de Pablo Neruda. Ese cartero apenas sin estudios, tan capaz de amar las palabras con la limpieza de un niño. Por un lado me recordaba a mi padre, y por otro, me identificaba con una vocación que había sentido desde pequeña, que guardaba solo para mí, y a la que nunca me atreví a dar alas. Contuve la respiración toda la segunda mitad de la película, y cuando arrancaron los créditos del final, lloré a lágrima viva durante minutos. 

La música de estas películas forman ya parte de la banda sonora de mi vida. Felizmente. Y es que el arte ha hecho, y sigue haciendo, mucho por mí. 


Mariaje López.  ©

domingo, 11 de marzo de 2018

Quiero


Pintura de Alexander Mark Rossi


Quiero gozar de las mañanas cuanto pueda, y desmenuzar las tardes hasta que se agote el día; para que su luz me alumbre y su calor abrigue la horas en la noche, para que no sueñe vacía y sola la añoranza, para que la vida perdure más allá del recuerdo. 

Quiero beberme la belleza, y sentarme a la mesa del conocimiento, para envejecer serena y con la pasión intacta. 

Quiero la eternidad del instante y ser un todo con ella; para llegar al final ligera, en paz, con la mirada abierta y la íntima certidumbre de haber vivido. 

Mariaje López

lunes, 5 de marzo de 2018

Cuando me lees con los oídos


Hace algunos días me notificaron que Beatricia ya forma parte de los archivos sonoros de la O.N.C.E. (Organización Nacional de Ciegos de España). Me ilusiona mucho, muchísimo, que las personas con problemas severos de visión puedan transitar desde ahora La Tierra de las Dos Lunas. 

Quiero compartir algo que me explicaron a propósito de esta circunstancia, y que no sabía. Es acerca de las preferencias de los lectores invidentes en cuanto a locución se refiere, a la hora de leer un libro auditivamente. Los videntes podríamos pensar que cuanto mejor interprete el locutor o locutora el texto que está leyendo, mejor. Nos gusta incluso que se añada música, efectos sonoros... etc. La tendencia actual en este tipo de audiolibros para invidentes o personas con visión muy reducida, es la contraria: se prefiere una locución más neutra, más lineal, no actuada. Ello se debe a que de este modo el lector que escucha puede libremente poner su imaginación a trabajar, y situar los acentos, matices o inflexiones donde  y como le parezca adecuado. Exactamente lo que hacemos los videntes al leer la palabra escrita.

Es algo parecido a cuando tememos ver una película basada en un libro que adoramos, por miedo a perder toda la iconografía que nos habíamos creado en favor de la que nos impone el director. 

Un libro enfoca, sugiere; pero no determina: la relación entre el libro y el lector es forzosamente de pareja, porque aquel nunca se completa sin éste. Por eso cada lectura es única como lo es su lector.  

Cuando me lees con los ojos, tú pones las caras, las voces, los paisajes.
Cuando me lees con los oídos, tú pones las caras, las voces, los paisajes.

Gracias por querer leerme.


Mariaje López

miércoles, 21 de febrero de 2018

No vale la pena.



Foto: Mariaje López





















No vale la pena querer abrir caminos
de lágrimas en un desierto de sal.
Ni bracear exhausta en los vertederos,
ni agonizar bailando en el infierno.

No vale la pena acumular hojas rotas,
ni dibujar risas en el lodazal,
ni coser las alas de las mariposas muertas,
ni sacrificar la paz en el intento. 

No vale la pena que me parta,
no vale la pena que me rompa,
no vale la pena que te busque.

Si tú no quieres buscarme,
si tú no quieres partirte,
si tú no quieres romperte.

Si tú cierras los caminos,
si no levantas las hojas,
si no regalas las risas, 
ni bailas en el infierno
ni buscas entre la sal.

Para dejar de partirnos,
para dejar de rompernos,
para cosechar las risas,
para recobrar las alas,
para bailar los caminos
y enamorar al silencio.



Mariaje López © Tu  escritora personal por Mariaje  López se encuentra bajo una Licencia  Creative Commons Atribución-NoComercial.


miércoles, 14 de febrero de 2018

Si todo fuera valle


Pintura de Robert Volcker

En la amplitud del valle mi corazón se ensancha, vuela, se esclarece. Galopa el aire sobre el paisaje, por la vereda huidiza de un cielo inquieto. En la marea de tus ojos verdes me detengo.

Si fuera la vida siempre este valle, si fuera todo mirar, y mirarte... confundir tus ojos con las praderas tiernas, mezclarte con el rojo vivo y el azul ingrávido, enredarte en el blanco sediento de mi falda.

¡Si todo fuera valle, verdor y besos!


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viernes, 9 de febrero de 2018

Nostalgias


Pintura de Catherine Abel


La inconsistencia terca de la fugaz vida,
la fortaleza implacable de la muerte,
mi suerte
constantemente herida, bendecida a ratos,
y a ratos malquerida.

El esplendor brumoso de los felices días, 
la eterna brevedad del instante inmóvil
e inerte,
sombra fría en mi costado penitente
llama que antiguamente ardía. 



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miércoles, 7 de febrero de 2018

El filo de la montaña





Parado en el filo de la montaña. 
A tu izquierda la ladera umbría, el aire gris helado. 
No atisbas signos de vida. 
A tu derecha brillan las praderas húmedas 
como una alfombra esmeralda bañada en sol. 
Las reses pacen tranquilas. 
Parado en el filo de la montaña, 
sin moverte del sitio, sin nadie que estorbe.
tú eliges dónde mirar. 


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lunes, 5 de febrero de 2018

Los ojos del gato




Sara había llegado a detestar a su padre, un hombre huraño y terco. Nadie soportaba mucho tiempo su compañía, ni él soportaba la de nadie, salvo la de su gato, un animal grande y negro, con los ojos más azules que el mismo océano. 

Ella estaba convencida de que el felino era la reencarnación de algún santo, por el cariño y la complacencia que le demostraba en todo momento, aunque justo es decirlo, el viejo le trataba bien. 

Aquel gato era muy viejo y enfermó gravemente, los veterinarios no pudieron hacer nada por él. El hombre no fue capaz de matarlo, ni de dar consentimiento para que lo ayudasen a morir. Sara estuvo acompañando su agonía, tumbada en el suelo frente al mar de aquellos ojos hipnóticos. 

—Tenías que haberle puesto la inyección, y no estaría pasando por todo esto. Eres un viejo cabezota.

El padre no dijo nada, estaba demasiado asustado y se sentía culpable por no haber tenido la entereza de evitarle a su peludo amigo tanto sufrimiento. 

Dos horas interminables estuvo Sara en el suelo, sus ojos fijos en los del gato, los del gato fijos en ella. Sintió como el perdón la inundaba, como le llegaba en oleadas todo el amor que aquel animal sentía por el viejo, mientras la vida se le escapaba. 

Cuando al fin expiró, Sara miró al hombre tras la cortina de lágrimas. Estaba viendo a su padre con los ojos del gato. 


Mariaje López © Tu  escritora personal por Mariaje  López se encuentra bajo una Licencia  Creative Commons Atribución-NoComercial.