sábado, 20 de enero de 2018

Deséame suerte





Hay una novela naciendo, que en ocasiones no me deja dormir porque la habitan fantasmas que desde niña me persiguen. Quise escribirla a los quince, a los veinte, a los treinta... y no sé cuántas veces más. Más tarde la arrinconé indefinidamente. No me sentía con fuerzas de abarcar cuanto quería decir. 

Hace poco llegué a la conclusión de que tendría que entresacar sólo una parte. Una parte del todo y aun así a brochazos. En conjunto un fogonazo, un esbozo de lo que en su totalidad fue. Nada que ver con ese mundo llamado Beatricia —copiado sí, de la realidad— que entregué ataviado con ropajes fantásticos. No, aquí la realidad nos alcanzará desnuda: lo que se narrará sucedió. No será del agrado de algunos, más es llegado el momento, ahora sí. Ahora los fantasmas que me persiguieron serán perseguidos, alumbrados no para buscar una reparación ya imposible, sino para honrar la memoria de aquellas que lo merecen, aunque nadie ya las recuerde, y para deshacer las máscaras que perturbaron nuestra infancia, ahora que entiendo un poco su infame razón de ser. 

Hay una novela naciendo, llena de rostros heridos por el desamor. Rostros con los que conviví siendo uno de ellos. Queda todo por delante. Deséame suerte, si gozo de tu simpatía; y si no es así, prosigue tu camino en paz y que la suerte te acompañe. 

Mariaje López ©

jueves, 18 de enero de 2018

Pulsión suicida




Tu vida seca,  de náufrago a la desesperada,
de grito acostumbrado al vértigo,
al límite de lo impensable,
tu vida,
con ese nombre que la sobrepasa,
porque no puede llamarse vida a eso
que te va matando con tu venia,
sin resistencia.

miércoles, 17 de enero de 2018

Un techo para el corazón



Ilustración de la artista coreana Puuung

Nada hay comparable a la bendición de un hogar en calma. Es algo tan precioso e inestable, tan frágil, que aparece a retazos, en capítulos aparte. Y es cuando se presenta en su maravillosa hondura que acariciamos nuestra genuina esencia. Entiendo la falta de hogar como la desposesión más severa. Incluso la mala salud puede ser razonablemente tolerada si es acogida en un entorno propio, íntimo y amable, cosa improbable cuando se carece de techo. 

El hogar, aunque no podamos hacer de él una réplica exacta de nuestro ideal, siempre nos devuelve el eco de nuestro interior, refleja nuestra cohesión y nuestra ruptura. Nos invita a la restauración de lo fragmentado, desde el espejo recóndito de nuestro misterio. Orden y desorden, algarabía y silencio, alegría y llanto, celebración y anhelo, impulso, abrazo, camino de ida y vuelta, salto, visión y ceguera, inspiración y alimento. Lugar más que ningún otro donde la paz busca asiento y reposo. Y cuando la paz que habitó la casa está herida, no se marcha; se acurruca temblando en cualquier parte, esperando siempre; un guiño, un resquicio para sanar y calentar paredes, para derretir el hielo, para recordarle al corazón la primera canción que escuchó: la de la sangre fluyendo generosa y confiada hacia la mejor y más bella promesa de vida. 

Mariaje López

Tu  escritora personal por Mariaje  López se encuentra bajo una Licencia  Creative Commons Atribución-NoComercial.

domingo, 14 de enero de 2018

La venganza esquiva y el nada esquivo placer de leer esta novela


Portada de La venganza esquiva. (Adrián Martín Ceregido - Ed. Émepe Mundopalabra)

Estoy segura de que si el señor Robert Louis Stevenson, celebérrimo autor de obras tan conocidas como La isla del tesoro, El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, y La flecha negra, por citar algunas, pudiera tener la primera novela de Adrián Martín Ceregido entre sus manos, deslizaría su vista complacido por las páginas de La venganza esquiva.

***

SINOPSIS DE CONTRAPORTADA: 

miércoles, 10 de enero de 2018

Prefacio de Beatricia: Bowie





PREFACIO
Bowie
11de Enero de 2016
Anoche me acosté con el firme propósito de reanudar hoy la corrección de Beatricia, latido inquieto de mi conciencia desde medio año atrás. Seis meses de hospitales y noticias regulares. Aspiro a una mejoría que llega demasiado lenta, dudosa a veces. Ya vuelco la mano derecha en el teclado, no sin que mis tendones protesten; pero he dicho que de hoy no pasa.
Me despierta de un tajo la muerte de Bowie, tiene que ser una broma infame. En Twitter leo: “Lamento mucho y me entristece decir que es verdad”. Es Duncan, su hijo, el director de la conmovedora y premiada Moon.

martes, 9 de enero de 2018

Rock en la acera


Pintura: Vito Campanella


Durante años le veo entrar en la Calle Mayor, tirando del carrito donde transporta el teclado, la guitarra eléctrica y la armónica; ésa que luego sujeta delante de la boca con ayuda de un soporte metálico que descansa en sus hombros. 

Delgado, menudo, de cabello lacio y pajizo sujeto en una coleta raquítica; los ojos de un azul plomizo y mirada resuelta, el rostro jovial burlando los años. Chaleco vaquero en verano, chupa de cuero en invierno, pañuelo al cuello, tejanos siempre ajustando el botín al tobillo... y llenando la mañana ajetreada de homenajes a la historia del rock. 

lunes, 8 de enero de 2018

Complicidad




Complicidad, sol y silencio.
Y tú.
Tú como sol de invierno entre cristales, como secreto en las hojas y orla de esperanza en el marco de las horas. Tú, dulce y sosegado por costumbre; tú, de color verde musgo y azul infinito preparando la leña que arderá en el hogar.

Mañana cálida que me aquieta, inspiración que huye y regresa, que juega y se esconde. Gatos que miran y duermen, luz inconstante que cambia de lugar las sombras.

Y tú.
Tú como árbol que alimenta y acoge, que le habla al viento desde dentro, que entiende a los pájaros que duermen en mis noches.
Tú que sabes tanto de mí y sin embargo, no tienes miedo a descubrirme en nuevas playas cada día.

Mi vida pasajera y tú, eternidad de mis besos y mi abrazo inmortal.


Mariaje López.

Tu  escritora personal por Mariaje  López se encuentra bajo una Licencia  Creative Commons Atribución-NoComercial.




lunes, 11 de diciembre de 2017

Nadar en el barro



Imagen: Yeison Gualdrón



Asomarse a la maravilla que somos al nacer, encontrar el hilo de la pureza nativa, ese frágil equipaje con el que llegamos al mundo, el milagro evolutivo que somos... tocar esa grandeza es imposible aterrizados en la edad adulta, si no se parte del conocimiento de nuestra miseria. 

Para querernos es preciso admitir que no somos como nos gustaría ser, ni mucho menos perfectos, como al nacer, para desde esa certeza avanzar sinceramente hacia algo mejor. Únicamente en la aceptación de lo que somos, sin tunear las sombras, podremos ofrecer al mundo y ofrecernos en primera persona lo mejor de nosotros. 

Esta será sin duda la mayor conquista de cada día, convivir con esa parte reprimida de nosotros que no nos gusta, deseando mejorarla de forma honesta, sin traicionarla ni querer ignorarla, enterrarla viva —tan viva—, a veinte metros bajo el suelo. Es preciso mirarla de frente, y hasta de perfil, para aprenderse su anatomía al milímetro, para saber cómo respira. Hemos de hacerlo si lo que esperamos es llegar a amarnos como necesitamos. Es preciso hacerlo para consolar ese anhelo de sentido, para suturar el caos en nuestras vidas y no acabar siendo también el caos en los otros. 

Para tocar las estrellas de la pureza nativa, o lo que de ella quede, primero hay que aprender a nadar en el barro. 


Mariaje López
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domingo, 26 de noviembre de 2017

La tristeza de que te llamen valiente


Hace unos días conté en la red la agresión machista que hace varios años sufrí en el portal de mi casa alcalaína a las once de la noche, cuando regresaba de ver una obra de teatro en Madrid. La violación propiamente dicha no llegó a consumarse por la llegada providencial de un hombre que paseaba cerca con sus dos grandes canes. Ninguno de mis vecinos acudió en mi ayuda, pese a que grité mi nombre entre pedidos de auxilio.

lunes, 6 de noviembre de 2017

La Mentira y la Verdad se fueron




La Mentira y la Verdad, cayeron en manos de los hombres y las prostituyeron. Tuvieron hijos con ellas y en sus orgías, las mezclaron del tal modo que ya no las distinguían. 

La Mentira y la Verdad, extenuadas, acordaron huir lejos de la ciudad de los hombres. Y los dejaron languidecer solos, en el vacío de su enajenado grito. 

***


Mariaje López

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