domingo, 11 de noviembre de 2012

¿Volver a Itaca?




 Este poema de Kavafis se ha convertido en un clásico de mis cuadernos.
 
Hace bastantes años, una profesora de griego lo caligrafió para mí, en su idioma nativo. Para albergar el manuscrito, no tardé en improvisar un marco con cuatro cosas que encontré en el cajón de sastre.

Deseaba colgarlo en un lugar visible de mi dormitorio. No entendía palabra, pero no importaba, porque me lo sabía de memoria. También me había aprendido, y eso fue lo más fascinante, sus silencios. 

Algo te diré acerca de ellos, y es bien cierto: que toda buena lectura los tiene.

Los silencios que podemos encontrar en un escrito, son el equivalente literario de los agujeros de gusano cuánticos.  Según la teoría científica,  estos túneles serían los que permitirían viajar en el tiempo. Por cierto, escuché en iVoox un documental, en el que se decía que estos viajes, de llegar a producirse, sólo lo harían en un sentido: hacia el futuro. El pasado estaría censurado por el imperativo de un cosmos en expansión. Parece ser que nada retrocede en el universo(*1), y que la cuarta dimensión no es inmune a este protocolo. Si nos atenemos a dicha teoría, sale más ventajosa la tournée literaria, ya que permite viajar en ambas direcciones.

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(*1) Aviso importante: Las conquistas sociales en España no se adhieren a este parámetro.
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Retomando: ¿Y por qué este poema, y tan reiteradamente?

Lo conocí poco a poco, como a las personas. Me presentaron algunos de sus versos. Y del mismo modo que, al estrechar una nueva mano en la que percibes una fuerte cercanía, no puedes evitar sentir el deseo de averiguar más, ese primer contacto agudizó mi interés por conocer el resto de la composición.

Cuando al fin pude completar la lectura, me sentí tan aludida como si el título de la obra y mi nombre fueran una misma cosa. Muchas veces me había preguntado sobre mi identidad dormida. Por aquel entonces, me sentía como un polizón escondido en el cuarto de máquinas de una vida absurda y sin referentes. Añorando siempre pasadas risas de la infancia, inolvidables siestas de tebeos y recortables. ¿Qué me había pasado, qué fue de la pequeña Ketxu? ¿En qué momento la abandoné o cuándo permití que fuera relegada  por otros al cuarto oscuro?

Volver a Ítaca y recuperarla. Tal era la misión. Volver al hogar auténtico y primordial. Al patio incontaminado de mis juegos y aventuras, donde todo era posible. Rehabilitar lo auténtico, legitimarlo contra toda oposición, contra toda violencia y tiranía. 
 
Únicamente esto: tener a Ítaca como destino, para poder viajar hacia mi verdad, siendo quién soy en el viaje. Y ya, sabiendo la meta, olvidarla. Para poner el alma en el camino. Entonces mis pasos llegarán, sin directrices, sin mapas, sin prisa, a su destino. 

Mariaje López.



ÍTACA

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo.
Lleno de aventuras, lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones, ni a los cíclopes,
ni al colérico Poseidón.
Seres tales no hallarás en tu camino
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu, y tu cuerpo. 

Ni a los lestrigones, ni a los cíclopes,
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no lo llevas dentro de tu alma, 
si no los yergue tu alma ante ti. 

Pide que el camino sea largo.
que sean muchas las mañanas de verano, 
en que llegues, ¡con qué placer y alegría!
a puertos antes nunca vistos. 

Detente en los emporios de Fenicia, 
y hazte con hermosas mercancías:
nácar y coral, ámbar y ébano, 
y toda suerte de perfumes voluptuosos.

Cuántos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias, 
a aprender de sus sabios.

Lleva a Ítaca siempre en tu pensamiento, 
 tu llegada allí, es tu destino.
Más no apresures nunca el viaje.

Mejor, que dure muchos años, 
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido con cuanto ganaste en el camino,
sin aguardar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje; 
sin ella, no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, 
entenderás ya, qué significan las ítacas.


Konstantinos Kavafis (1.863-1.933)
(Traducción de Pedro Bádenas)



  

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